El otro día, viendo Mothman (La Profecía) recordé mi “sueño profético”, que yo también los tengo:
Estoy en una recepción o fiesta privada, compartiendo bebidas y tapas exóticas con gente muy elegante e importante. Bill Clinton, entonces presidente de EEUU, me mira de lejos, deja al grupo de gente con el que está y viene hacia mí. Acercándose con aire misterioso, me susurra al oído: “algunos hombres aman el pastel de pato”. Luego de una mirada cómplice y una palmadita en el hombro, se aleja y me despierto.
Llevo años intentando averiguar qué diablos quiso decir. He pensado en buscar a Bill y confesarle que me rindo. Si yo fuera Richard Gere, mi vida habría sido apasionante desde el día de mi sueño; por desgracia, nada ha pasado. No he conseguido descifrar el enigma, y ahora lo hago público para que alguien me ayude y, por fin, mi vida se convierta en trepidante thriller.